Cassia D'Aquino - Notícia

El Programa en las Escuelas Públicas

La Educación financiera no puede ser un privilegio de niños ricos o de clase media. Justamente, se le debe dar prioridad, en este aspecto, a las camadas menos favorecidas de la población. Es, principalmente, a esas personas -de poquísimos recursos - a quién se debe dar a conocer, con urgencia, cómo ganar, gastar y ahorrar dinero.

El Programa de Educación Financiera que crié funciona en varias escuelas del país y, felizmente, siempre con mucho éxito. Pero, de todas las aplicaciones que el Programa ha tenido, una es especial para mí.

Hace algunos años recibí una llamada telefónica, luego por la mañana, muy temprano. Ni bien atendí el teléfono un desahogo ansioso, de esos que van atropellando pausas y tragándose comas, contó una historia que voy a compartir con usted.

Mi interlocutora era Maria Inês, profesora de una escuela pública en la periferia de Presidente Prudente, en el estado de São Paulo. A esa altura enseñaba a niños de primer grado. Dos meses antes de nuestra charla el periódico Folha de São Paulo había dedicado un espacio generoso a la divulgación del Programa.

Maria Inês leyó el reportaje. Y, de lo alto de la experiencia de 30 años de enseñanza pública, asumió que no era justo - y no era, de verdad - que sus alumnos no tuvieran acceso a los principios de la educación financiera. A partir de ahí, por su cuenta y riesgo, sin mi acompañamiento, incluso, pasó a la acción.

De lo que comprendió el reportaje propuso a los alumnos que crearan un "ahorro" común a todos ellos y que definieran un destino para ese esfuerzo. Alguien sugirió, y todos apoyaron con entusiasmo, que se gastara el dinero en la realización de un viejo sueño: ir al Mac Donald´s.

Para niños de clase media parecería absurdo que fuera ese el principal deseo de esos alumnos. Al final, hay, y como hay, niños acostumbrados a exigirles a los padres consumos de este tipo, asumiendo que obtenerlos, sin demora, forma parte del derecho natural que cabe a los hijos. Y los padres no se dan cuenta del pozo de ingratitud y desamor que ayudan a cavar mimando a los hijos.

Pero la vida es muy diferente allá en la periferia de Prudente. Fueron dos meses juntando moneditas encontradas al acaso y vendiendo latas de aluminio. Y, aunque el plan fuera de comer sándwiches, el importe recaudado no alcanzó para tanto. Pero si todo era fiesta - y todo es fiesta cuando nos ponemos en la dirección de conquistar lo que queremos - una sensata adecuación del presupuesto no minó la parte moral del grupo. Decidieron tomar solamente un helado.

Al llegar, los niños corrieron a lavarse las manos, excitados con la proximidad del momento tan esperado. Para sorpresa de la profesora, al entrar a los baños, casi se olvidaron de lo que los había llevado a la conquistar. Fue tanto encanto con azulejos, canilla, pila, piso, en fin, era tanta belleza que veían, que no querían irse del baño. La mayoría de los alumnos de Maria Inês no tiene baño en casa. Y fue eso que dejó todo tan precioso.

Eso sucedió el día anterior a la llamada telefónica. Desde entonces, los niños de Maria Inês hicieron nuevos ahorros y siguen inventando y alcanzando objetivos para usar el dinero. Es extraordinario lo que una profesora talentosa e interesada logra. Y pensar que estos niños, tan pequeños todavía, aprendieron lo que hará la diferencia el resto de sus vidas: que para alcanzar lo que se quiere hay que tener determinación, planificación y persistencia. Con eso, todo es posible. Todo puede funcionar bien.

Recibo relatos semejantes a este de profesores por todo el país. Y cada vez que escucho historias como esa, refuerzo mi absoluta convicción de que la solución de los graves problemas de nuestro pueblo pasa por la educación. Y es solamente eso que le falta a nuestro pueblo para que todo lo demás sea posible. Para que todo pueda, finalmente, empezar a funcionar bien.